Burbuja de Amor. Presentación de la novela de Cristina Jarque.

 En febrero de 2021 se presentó la novela “Burbuja de Amor”, de la psicoanalista Cristina Jarque. Quien tuvo la consideración a invitarme como parte de quienes comentaron y presentaron su novela. Comparto aquí el texto que escribí para aquella ocasión.



Ha sido muy enriquecedor la novela de Cristina Jarque. Me ha producido diferentes sensaciones su lectura. Por momentos una gran intriga por lo que va aconteciendo en la vida de los personajes. Una intriga que se vuelve en una lectura muy atenta para ir reconociendo los entramados de la familia Martell Linares, a través de sus generaciones, por tanto de diversas épocas y escenarios.

Justo es ahí donde pienso que hay formas de transmitir los misterios de una familia, las particularidades de la historia de un sujeto en concreto. Formas que tienen que ver con ese talento para construir los escenarios que sostienen a dichas historias. Ahí está la apuesta y el talento literario de quien escribe la novela. Pero no solo eso, porque también hay formas de difundir y trasmitir el psicoanálisis. Una de las intenciones de la psicoanalista-escritora: Cristina Jarque. Esta novela es una apuesta de ello. Para quienes apostamos por el quehacer psicoanalítico resulta ser un ejercicio de lectura. Justo la idea de transmisión nos permite percibir que el ejercicio de lectura remite al ejercicio de escritura de la autora, a sus cualidades para dar cuenta de lo teórico pero con el privilegio de los recursos literarios.

Las descripciones, los aromas, las texturas, la sensación del viento y el sol en la cara, las épocas en los lugares y en las canciones. Esas canciones que a uno lo remiten a la construcción de esta historia y a nuestra propia historia. A escenarios no conocidos pero al cual somos transportados sin dificultades. Se percibe una construcción cultural que tiene la virtud de ser amplia y respetuosa, sin afanes de disfraz ni mojigaterías. Pasamos de lugares cuyo refinamiento busca transmitir el lugar económico y de poder que pretenden ocupar los Martell en el ensamblaje social. Pero también a aquellos lugares que se articulan con esas formas estéticas refinadas y que dan cobijo a la intención de proyectar una buena conciencia. Pero esos otros espacios justo delatan lo desgarrador que es la sexualidad, los instintos bajos, los escenarios donde la perversión no debe en absoluto ser disimulada. E ahí las capacidades artistas de Jarque.

Pero por otro lado está muy presente la psicoanalista que escribe y transmite. Una psicoanalista que se mueve con soltura en la teorización del quehacer inaugurado por Freud y cuya continuadad a la que se adscribe es al trabajo forjado por Lacan. Aunque de ninguna manera solo ellos.

Este lugar que se ocupa en el trabajo teórico y técnico del psicoanálisis, un psicoanálisis lacaniano, le permite tratar sin rebuscamientos diferentes conceptualizaciones y diferentes niveles de las mismas. Incluso hay algunos conceptos enunciadas explícitamente, no solo porque tengan lugar por la presencia de una psicoanalista en la trama de la historia sino porque demuestra el atravesamiento e impacto mismo del psicoanálisis en la sociedad.

Así podríamos ubicar ideas como la transmisión transgeneracional, el trauma, el Edipo, los sueños, los mecanismos de defensa, la angustia, la sexualidad femenina, el deseo, lo ominoso y la perversión por mencionar algunos.

Para quienes nos desenvolvemos en la tarea analítica y el estudio de la obra de diversos analistas, la lectura de la novela de Cristina resulta también un ejercicio de reconocimiento de nuestro campo de saber. Es agradable y alentador encontrar que hay psicoanalistas que son capaces de producir en el campo propio del arte, como lo es la novela escrita. Que tienen las facultades de hacer accesible y placentero una construcción teórica a modo de novela, sin que pierda los rasgos de la producción artística. Dejando en claro las posibilidades y la voluntad, seguramente con sus movimientos inconcientes, de hacer accesible y transmisible el psicoanálisis. Cristina Jarque y otras pocas plumas dejan en claro que no solo de teorización se trata en el campo psicoanalítico.

Por otro lado quisiera destacar un aspecto que convoca particularmente mi atención. Se trata de la vertiente social que en diferentes momentos de la novela se señala y que convoca a profundas reflexiones, que no dejan de estar entramadas o articuladas con cada una de las historias de los personajes. Es decir, se trata de esa articulación entre la singularidad de la historia de la familia Martel Linares con el contexto histórico en el que está contenida. Contextos históricos que bien podríamos tomar por su pertinencia para la reflexión. Y es que Cristina Jarque deja en claro que la reflexión psicoanalítica no está ni debe estar desarticulada de lo social. Desde el psicoanálisis mismo se pueden pensar lo que acontece en torno a las historias muy particulares de quienes llegan al diván. Es decir, el psicoanálisis tiene una fuerte potencia para elucidar los fenómenos sociales, considerando por supuesto aquellos en los que está convocado por su presencia como institución y por el ejercicio que ejercen sus sujetos psicoanalistas.

Uno de estos escenarios sociales, por todos sabidos pero que escandaliza las conciencias más puritanas, es justamente los prostíbulos, Ahí donde los sujetos, como Guillermo Martel o su padre Jorge Martell, a cambio de una cantidad de billetes, pueden realizar sus fantasías más secretas. Lugares que sostienen la búsqueda del enigma de la sexualidad. Particularmente el enigma de una sexualidad femenina como es el caso que se plantea en la novela de Cristina. Escenarios donde los fantasmas hacen su presencia, donde después de cierta descarga pulsional aparece la culpa. Culpa y obsesión que convocan la presencia reiterada de estos sujetos en estos espacios donde la sexualidad femenina se despliega sin tapujos, pero no por ello sin dejar de conservar el misterio que obsesiona a la humanidad. Y por supuesto esto tiene que ver con el lugar que ocupan las mujeres, estas mujeres que se presentan a la mirada para despertar placeres inimaginables, placeres que al parecer solo podrían ser posibles en la cueva del zorro en plena alusión a la cueva de las zorras. Se trata del lugar que ellas tienen en el entramado social frente a otras a las que se arrincona al lugar de esposas y madres, cuya sexualidad trata de reprimirse. “La maternidad es la tumba del deseo carnal”, como lo apunta la autora en voz de Bruno. Temas que Cristina Jarque no deja de abordar y reflexionar magistralmente en diferentes momentos de su obra.

Diría que no solo Guillermo o su padre, atormentan a las mujeres que se cruzan por su vida, aunque no sin angustia, sino la sociedad misma. De ahí la importancia que los psicoanalistas se ocupen de estas articulaciones. Porque además está implícito, con todo lo terrible que implica, “el mercado del sexo”, que continua siendo un tema tabú y del que la gente se inventa muchas historias falsas, como lo señala muy bien  Roxy.

Incesto y abuso sexual son temas que forman parte de la trama de la historia de varios de los personajes de la novela. De hecho es en torno a esto como se articulan los secretos y el dolor más profundo de la vida de los personajes. Es un tema que está presente en el armado mismo del psicoanálisis. Cuya relevancia social no deja de ser importante porque el tema del incesto y el abuso sexual están muy presentes en todos los estratos sociales. Quizá el incesto no es algo de lo que se hable con tanta frecuencia como del abuso sexual, al parecer como una forma de mantener una distancia que sostenga cierta imagen de alguien que no incurre en la transgresión. Incluso, como se muestra en la novela, tras una acusación falsa o una mentira de violación Victoria es urgida a casarse. Así que también las familias por presiones sociales se mueven perversamente ante estos fenómenos que paradójicamente son sostenidos por las complicidades sociales y familiares.

En otro las articulaciones sociales que se tocan en la novela encontramos las bebidas alcohólicas y el uso cultural que se hace de ellas para desatar la furia. Victoria recuerda las escenas similares con su padre cuan ve a Joaquín levantar la mano y pedir un whisky, pues sabe que se emborrachara, enfurecerá, se pondrá violento para dar rienda suelta a su ira, “jodiendole la vida a todos”, para que después aparezca el remordimiento y la cruda moral. Escenas que con mucha frecuencia aparecen en la consulta. Ya sea hombres o mujeres, en uno o en otro lugar. Pero sin duda en términos de machismo y violencia estamos convocados a pensar estos fenómenos.

Como vemos la autora reconoce y articula diferentes problemáticas sociales con la historia y particularidades de la vida de sus personajes. Se reconoce estos escenarios o fenómenos sociales que siempre están en juego. No deja de señalarse el tema de las clases sociales. Muy explícitamente lo dice al señalar el origen de Jorge Martell, convertido en rebelde y renegado social, que buscara reivindicar los derechos de los pobres. Desde ahí se plantea el sentido de la justicia. Por un lado familias ricas y de abolengo con derechos inimaginables, que se pueden emborrachar, hablar con lenguaje soez, irse a la cama con compañías prohibidas, defraudar, embaucar, intrigar, mentir como si el dinero, la cultura o la educación convirtiera al bando de los ricos en semidioses, con licencias diferentes a las del resto de los mortales.

Por otro lado está la gente humilde con la que los otros extractos sociales se ensañan. Pues no hay tolerancia a las debilidades de los incultos, a su pobreza, a su imagen. Tema que no debe dejarse de lado porque también es parte de las posibilidades de subjetivación y que se intrican con los ámbitos más íntimos de la vida de todos los sujetos.

Pero también encontramos un tema que bien puede concernir directamente a la institución psicoanalítica y su propio aspecto o costado perverso encarnado por los sujetos psicoanalistas. Porque bien es cierto que psicólogos, psiquiatras y psicoanalistas, entre muchos otros, ocupan en mayor o menor medida un lugar de ejercicio de poder con respecto a sus pacientes. En la historia de Beti, aunque justo por su historia, aparece Rafael Morales –de quien llama la atención el apellido que me hizo pensar en la moral–, un psicólogo dedicado a la terapia de mujeres maltratadas. Pero cuyo propósito es llevarse a la cama a las mujeres a las que atiende. En el ámbito psicoanalítico o psicoterapéutico están historias no dejan de aparecer. Puede ser que en estos sujetos haya un esfuerzo de sublimación aunque también cabe que se trata de una forma de maquillar sus inclinaciones perversas, al punto de no solo querer cogerse a sus pacientes, sino de maltratarlas y torturarlas, de acabar con el enigma de la sexualidad de la mujer. Como Rafael Morales, muchos otros las quieren ver muertas de amor. Y es un tema que no puede ser desatendido ni solapado. Y claro, sin dejar de identificar o estudiar los resortes inconcientes que operan en las y los pacientes que van al encuentro de estos supuestos profesionales Psi.



Es este costado social el que he querido destacar de la novela de Cristina Jarque, por lo estimulante que es, por la necesidad de una ética y por la potencia misma del psicoanálisis para abordarlos. Para no extenderme tanto quiera apuntar solo uno más.

Se trata del asunto de los ritos culturales de todo un país y del encuentro que estos tienen con la experiencia de un psicoanálisis. Lo ubico cuando Beti visita las cenizas de su prima Viky. En todo esa larga escritura-conversación que tiene con la prima muerta. Diría que el psicoanálisis tiene esa capacidad de continuarse ahí, en la tumba o en las cenizas de nuestros muertos. Un análisis que se conjuga con los ritos de un país como México.

La estancia en un panteón permite un acercamiento a la muerte. Quizá un acercamiento para entregarse a la muerte misma, que en Beti aparece en sueños. Pero también, en las reflexiones prolongadas del análisis y en ritos culturales, que puede permitir identificar e incluso poner un alto a la pulsión de muerte. Permite pues, pensar la muerte y pensar los impulsos suicidas, una forma de tratar la melancolía.

También en las formaciones del inconciente podemos ir al encuentro de aquellos que se han adelantado, quizá para escuchar su voz y ver nuevamente su mirada. Nos permite un encuentro que ayude a despedirse, a despejar o identificar aquello que se ha heredado o transmitido, a puntuar los enigmas familiares que deben ser resueltos.

Estos encuentros de Beti con las cenizas de su prima también permiten señalar cuestiones de la feminidad que están en lo social. Particularmente cuando Beti dice: “algo que me permita crear un espacio más allá de la maternidad”. Y es que el tema es tan relevante porque llega a cuásar estragos en la condición de ser mujer.  Como bien podría ser el caso de Paty, la amiga de Beti, con un hijo al que se etiqueta de hiperactivo.

Pues bien, el psicoanálisis tiene todos estos encuentros en lo social y también una responsabilidad ante ello. 

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